Entrevista con el ilustrador Iván McGill 

El Alumni Ivan McGill se ha convertido en el primer beneficiario de la Beca de Residencia EXP en Cómic Experimental, una iniciativa enmarcada en la Càtedra de Recerca i Experimentació en Còmic FINESTRES–Elisava (CREC). Con esta selección, McGill inaugura una línea de trabajo inédita en el país: un programa anual que sitúa el cómic como herramienta de investigación y como lenguaje con capacidad para generar pensamiento crítico, análisis académico y nuevas formas de conocimiento visual.

Durante un año, McGill trabajará en la creación de nuevas metodologías y formatos que conecten el cómic con otros campos creativos, tecnológicos y académicos. Su enfoque, que combina ilustración, arte digital, experimentación formal e hibridación entre lenguajes, encaja de forma natural con la vocación de la Cátedra: repensar el medio, cuestionar sus convenciones y demostrar su potencial para leer, ordenar y reinterpretar la compleja realidad que habitamos.

En esta conversación, Ivan comparte los referentes que han marcado su manera de entender la narrativa visual, su visión del cómic como laboratorio abierto, el papel de la tecnología en sus proyectos y el estado actual de la escena independiente. También mira hacia atrás para recordar su paso por el Máster de Ilustración y Narrativa visual de Elisava, un periodo que definió su mirada experimental y sentó las bases de su práctica profesional.

Tu trabajo se mueve entre la ilustración, el cómic y el arte digital. ¿Qué te llevó a cruzar esos lenguajes? ¿Qué referentes han influido más en tu manera de entender la narrativa visual?

Comencé a desarrollar la herramienta del dibujo y el cómic desde bastante joven, y pronto se convirtieron en un medio cómodo para expresarme con facilidad, un lenguaje ya asimilado. A la hora de pensar en qué estudiar, opté por el camino de las Bellas Artes. Quería explorar nuevas disciplinas y ahí, resumiendo toda una carrera en una pequeña frase, aprendí a mantener siempre la coherencia entre forma y fondo en cualquier proyecto, fuera cual fuera su naturaleza.

Una vez descubrí la amplitud y las vertientes más experimentales del cómic, me reconcilié con el medio, y hoy en día es desde el lenguaje del que parto, desde el que pienso, aunque siempre estoy abierto a explorar nuevas maneras de contar, encontrar el mejor formato que envuelva el mensaje y jugar con todas las posibilidades que me ofrece el mezclar distintas disciplinas y lenguajes visuales.

Los referentes que más me han influido han sido las escenas más independientes de los lenguajes que más exploro, por un lado, el cómic underground, la autoedición, los fanzines, ese caldo de cultivo donde se encuentran los experimentos más arriesgados y por otro lado, la escena independiente del videojuego, donde, aunque no sea muy gamer, encuentro ahí una gran fuente de inspiración al ver cómo cada día más proyectos intentan redefinir el medio y repensar las manías y clichés heredados de sus primeras etapas.

En definitiva, me inspira cualquier trabajo que contribuya a desdibujar las líneas que definen su propio lenguaje: los videojuegos que se consideran una obra de arte, las obras de arte que puedes jugar, los cómics que no sabrías decir si es un cómic…

Elisava

El cómic, en tu caso, parece más un laboratorio que un formato cerrado. ¿Qué te interesa de su condición experimental?

Considero al cómic un contenedor capaz de asimilar mucha información de naturaleza distinta y reorganizarla de una manera muy eficaz, jugando con un ritmo de lectura que, para mí, es la clave para la asimilación de cualquier mensaje. Este lenguaje tan peculiar, con una definición tan resbaladiza, lo encuentro perfecto para tratar la actualidad que vivimos. Una actualidad desbordada de información, imágenes, reales o ficticias. El cómic se presenta como una herramienta perfecta para abordar esta realidad, para reorganizarla, leerla, mirarla y entenderla.

Elisava

¿Qué papel juega la tecnología —animación, videojuegos, interactividad— en tu manera de narrar?

Siempre intento expandir las maneras de contar historias, experimentar con el cómic y tratar de ampliar sus fronteras. Un cómic se puede mirar como una arquitectura de imágenes y texto. Puede definirse como un espacio a recorrer por el lector. La tecnología me abre la puerta a trasladar esta idea de espacio de lectura interactivo a los entornos virtuales, ampliando las opciones de experimentación y cuestionando el formato libro-objeto como único acceso al medio. En definitiva, la tecnología me ayuda a descubrir nuevas maneras de hacer, leer y recorrer historias.

Elisava

Desde tu participación en proyectos como Búnker24 o GRAF, ¿cómo ves la escena independiente actual?

Tanto las publicaciones colectivas como los festivales de cómic y autoedición son buenos dispositivos para diagnosticar el estado de la escena independiente. En los últimos años he podido observar de primera mano una enorme profesionalización que entra en tensión con el propio espíritu underground, pero eso es un proceso completamente natural, y es positivo que los autores y autoras vayamos, aunque sea poco a poco desprecarizándonos.

Respecto a cuestiones más bien estilísticas, creo que debemos estar muy orgullosos del panorama que nos rodea, tanto en Cataluña como en España. Creo que nuestra historia del cómic nos ha permitido tener una relación muy particular entre lo que se podría definir como underground y mainstream, siento que contamos con una gran cantidad de autores y autoras que se sienten con la libertad de retorcer y empujar este medio de expresión y eso se está observando perfectamente en la obra de autoras importantísimas como Marc Torices, Ana Galvañ o Marta Cartu.

Recientemente, has sido el primer beneficiario de la Beca de Residencia EXP en Cómic Experimental. ¿Qué significa para ti este reconocimiento?

Es algo insólito poder invertir un año en investigar sobre cómic. Es una ocasión perfecta para retomar estudios que ya tenía en marcha de hace tiempo, actualizarlos y empujarlos a nuevos paradigmas. Además es un honor poder compartir la cátedra con Mery Cuesta y Marta Cartu, quienes me ayudan a abordar, discutir y cuestionar los temas, y, en definitiva, a pensar sobre el cómic.

Elisava

¿Cómo recuerdas tu paso por el Máster en Ilustración y Cómic de Elisava? ¿Hubo algún momento o proyecto que marcara tu camino actual?

Lo recuerdo como un año muy dulce, de conocer a mucha gente: grandes compañeros de profesión, muchos referentes de la escena del cómic barcelonés, y de descubrir (a fondo) la tienda Fatbottom, el taller Máquina Total y todo el ecosistema de maravillosos chalados que los rodea.

Quizás el momento más angular de mi paso por el máster fueron las primeras clases del maestro Francesc Ruiz. Su asignatura, deconstruyendo el cómic, realmente rompió cualquier esquema que trajera de casa, por muy experimental que me pensara.

En conclusión, del Máster de Ilustración y Cómic de Elisava me llevo grandes amigos, como mi compañero Pablo Saulo, con quien he colaborado en varios proyectos; experiencias muy enriquecedoras, como el paso por el festival GRAF (del cual formo parte en la actualidad); y, sobre todo, una manera de pensar y trabajar el cómic que me ha dado las bases para seguir explorando el medio desde una mirada crítica y experimental.