Nos adentramos en el mundo del diseño de interiores y la artesanía mediterránea de la mano de Arcadi Martín, fundador del estudio de arquitectura e interiorismo Nada y el proyecto de artesanía Ajuar. Con una trayectoria que se remonta a sus días en Elisava, Arcadi nos lleva a través de sus recuerdos y experiencias que moldearon su camino en la industria del diseño.
Entrevista con Arcadi Martín, fundador del estudio de interiorismo Nada y el proyecto de artesanía Ajuar
Nada nace en Elisava durante la promoción 2016-2017 del Máster en Diseño del Espacio Interior. Para alguien como yo que venía del mundo de la comunicación y el marketing, suponía todo un reto. De hecho, tuve que prepararme durante un año para poder estar al nivel de mis compañeros y compañeras antes de iniciar el máster. Como es lógico, los complejos y el síndrome del impostor estuvieron ahí desde el inicio en un entorno en que la mayoría del alumnado venía de estudios técnicos. Al final, creo que de alguna manera le di la vuelta a eso para que jugase a mi favor potenciando lo que yo sabía hacer mejor.
Toda esa etapa fue muy bonita. Durante ese año, yo compatibilizaba el máster con mi trabajo en una empresa en la que llevaba 8 años. Estaba muy desmotivado porque yo realmente quería hacer diseño de interiores. Así que Elisava me abrió las puertas a un mundo en el que siempre me había querido formar. Caí en un grupo de gente chulísima con la que 7 años después seguimos en contacto. También aprecio mucho a los profesores porque nos enseñaban proyectos a los que todavía hoy recurro para buscar referencias y recursos. Recuerdo con mucho cariño a Joaquim Matutano, Agustí Costa, Ricardo Guasch, Marcos Catalán y Lola Doménech, entre tantos otros. La idea de que acabase el curso y tener que volver a mi vida anterior me aterrorizaba. Por suerte el camino fue muy diferente a lo previsto.
Durante el máster hicimos equipo con Edu Covelo y Borja Hernández. Habíamos hecho algún proyecto juntos en clase durante el máster y en acabarlo, nos unimos para hacer proyectos pequeños que surgieron en Valencia y Barcelona. Pronto Edu Covelo tuvo que volver a Galicia para aceptar una oferta laboral a la que era imposible negarse. Borja y yo continuamos realizando proyectos compatibilizándolo con nuestros trabajos. Y así estuvimos, si no recuerdo mal, casi tres años. Muchas noches sin dormir, mucha cafeína, mucha comida basura y fines de semana muy largos. Luego fueron llegando más proyectos y más grandes hasta que tuve la seguridad para dejar mi anterior trabajo y dedicarme por completo al estudio que llamamos Nada.
Así que mi recuerdo de esa etapa, si lo puedo valorar del 1 al 10, es 10. Mi carrera profesional cambió por completo hacia un sector que me apasiona. En lo personal, me motivó para emprender nuevos caminos y para tirarme a piscinas.
Recuerdo que estábamos en un Euromed camino a Valencia para visitar el emplazamiento del que tenía que ser nuestro primer proyecto, aunque luego no cuajó. Íbamos la mar de contentos de poder hacer este primer proyecto y quisimos buscarle un nombre a lo que hasta entonces llamábamos “el protoestudio”. Dijimos tres o cuatro tonterías que no nos gustaban y entonces dijimos, pues “nada”.
Y con “nada” nos vinimos arriba porque es una palabra femenina, con buena fonología, corta, simple y recordable. Además, expresaba completamente nuestra visión del diseño y con esa palabra lo podíamos explicar: “Nada puede sobrar y nada pueda faltar”. Queremos hacer diseño honesto, sin artificios y sin ornamentación banal. Queremos diseñar espacios sinceros. Así que Nada nos pareció perfecto.
En Elisava aprendí que el diseño tiene que dar solución a una necesidad. Y que el buen diseño es la forma más simple en el que se resuelve esa necesidad. Y que el objeto o espacio que resuelva esa necesidad estará mejor diseñado si contiene menos material y las mínimas piezas posibles. Eso es lo que intentamos que sea Nada. Queremos crear espacios honestos partiendo de esas premisas.
Bueno, en realidad Ajuar no es un proyecto estrictamente personal. Es algo que comparto con mi pareja, Ricard Sampere, que precisamente conocí aquel año del máster en Elisava.
Ajuar nace a partir de los viajes que hacemos juntos, casi siempre alrededor del Mediterráneo. Además, parte de mi familia es del sur, por lo que yo siempre he tenido la cerámica y la artesanía que se hace en Andalucía muy integrada en mi casa y especialmente en la casa del pueblo de mis abuelos. Allí aprendí desde pequeño para qué sirven objetos y utensilios que jamás habría visto en la ciudad.
El caso es que por mera afición, a lo largo de los años hemos ido visitando y conociendo artesanos que llevan generaciones produciendo objetos de la misma manera. Son objetos sencillos, sin ninguna pretensión más allá que cumplir la función para la que han sido pensados. Además, utilizan materiales y técnicas totalmente respetuosas y sostenibles. Luego cada región, cada pueblo, imprime su tradición en el colorido y decoraciones, que tampoco son baladís. Cada color, cada forma y cada pincelada tiene un porqué y una intención.
Así que aunque parezcan mundos distintos, en lo esencial Nada y Ajuar tienen mucho en común. Ambos hablan de respeto por los materiales, por la preexistencia y por ser fieles a ofrecer una solución.
Nos interesa la historia que hay detrás de cada pieza. También sus particularidades y sus “imperfecciones”. Por ejemplo, unos de los artesanos nos hace unas palmatorias iguales a las que yo siempre he visto en mi casa y en casa de mis abuelos. Cuando yo era pequeño, la luz se iba mucho más frecuentemente de lo que lo hace ahora. Siempre había una palmatoria con una vela y unas cerillas juntas en una estantería del comedor.
Cuando me reencontré con este objeto me pareció que estaba muy bien hecho y además es bonito. Puedes transportar la vela sin quemarte, tiene una base donde cae la cera en caso de que no queme bien y donde además puedes dejar las cerillas. He dejado de comprar velas en vaso porque éstas implican un envase que hay que procesar. Por las noches o en las cenas enciendo una vela en una de estas palmatorias y me siento mucho más conectado con quien soy y con nuestra tradición.
Depende del caso. A veces tenemos una idea y buscamos quién la puede hacer. Otras, hablamos con el artesano, dejamos que nos cuente el porqué de cada pieza. Si nos gusta la historia que hay detrás, lo incluimos en el catálogo alterándola lo menos posible.
Tenemos mil ideas pendientes de desarrollo, nos ha venido todo tan atropellado que no nos ha dado mucho tiempo a pensar. Con la primera colección de cerámica en seguida vino el primer pedido de Mercí París, luego pedidos en Bélgica y Estados Unidos. El pasado diciembre hicimos una colaboración con nuestro amigo Pepo Moreno. Él es un artista de Tortosa que vive en París y lleva años haciendo exposiciones por todo el mundo. Creamos una colección limitada de 76 piezas que unían toda esta tradición alfarera con mensajes e ilustraciones que plantean un futuro distópico desde un punto de vista irreverente, provocativo y queer. La colección se presentó en París en una pop-up que duró cinco días.
También tenemos unos boles cuya decoración está inspirada en las pinturas encontradas en los yacimientos arqueológicos de las cuevas de Almanzora. Este artesano tiene en su alfarería hornos que datan del Al-Ándalus y su proceso de producción ha variado muy poco desde entonces. Así que para nosotros estos boles son una auténtica obra de arte ya que junta una producción totalmente artesanal con el arraigo a una cultura. En este caso no hemos cambiado ni un solo trazo porque queremos respetar toda esa narrativa.
En el estudio Nada intentamos ser más fieles en aproximarnos a lo que creemos que debería ser el diseño bien hecho. No siempre se puede conseguir por presupuesto, porque el cliente busca otra cosa o por mil otros motivos. Pero al menos intentamos ser más puristas en ese sentido. Luego cada proyecto es un reto creativo y técnico. Así que el aprendizaje es continuo.
Sin embrago, Ajuar es mi campo de juegos. Aún y teniendo una base muy común con Nada, me permite jugar más y expresar otro tipo de mensaje. Con Ajuar me permito ser más gamberro y guiarme más por el instinto. Es un proyecto que siempre hemos tenido claro que no lo hacemos por dinero. Nuestro objetivo es dar visibilidad a las artesanías del arco Mediterráneo y ayudar a negocios con varias generaciones familiares que ahora tienen un futuro muy incierto.
Para tener una mirada crítica, para ver las cosas desde un punto de vista más profundo, a no quedarme en la superficie. Me ha dado referencias y recursos que puedo seguir usando para formarme e informarme.
También me ha aportado toda la capa más profesional de algo que yo empecé a estudiar por puro interés y sin ninguna pretensión laboral. Me dieron las herramientas para poder profesionalizar el diseño de interiores y, aunque todavía tengo mucho que aprender y mil miedos, para poder lanzarme a la piscina del emprendimiento.