Entrevista a Berta Julià, diseñadora de producto y fundadora de Alted

La Elisava Alumni Berta Julià Sala está redefiniendo la relación entre diseño, sostenibilidad e industria. Desde su estudio en Barcelona, ha dado vida a Alted Materials, una empresa que impulsa la transición hacia una construcción más consciente, basada en materiales circulares, reciclables y libres de tóxicos. Su objetivo es claro: acelerar la adopción de soluciones de bajo impacto en arquitectura e interiorismo, combinando investigación, diseño y tecnología.

Con una trayectoria que incluye experiencia en estudios de Londres y Estocolmo, Berta decidió emprender un camino propio para controlar todo el ciclo de creación, desde la materia prima hasta el producto final. Acompáñanos en esta entrevista dónde nos explica los entresijos de su proyecto:

¿Qué te llevó a fundar Alted Materials?

Darme cuenta de la responsabilidad que tenemos como diseñadores al poner objetos en el mundo. Según la economía circular, todo lo que producimos puede ser veneno o alimento para el planeta. Lo mínimo que podemos hacer es intentar ser neutros.

Durante mi carrera profesional, desde que salí de Elisava, trabajé en estudios de diseño en Londres y Estocolmo, desarrollando productos de los que se fabricaban millones de unidades. Aunque intentaba que esos objetos fueran lo menos contaminantes posible, al final todo dependía de si la industria realmente los producía y reciclaba como se había pensado. Como diseñadora, hay muchas cosas que se te escapan de las manos.

Llega un punto en el que sentí que necesitaba controlar toda la cadena. Desde la materia prima hasta el resultado final. Por eso decidí trabajar directamente con materiales que fueran realmente reciclados y reciclables. Así nació Alted.

Alted nace con un propósito claro: materiales circulares, reciclables y sin tóxicos. ¿Qué retos técnicos y creativos tuvisteis al convertir esa visión en un producto real?

Trabajar con residuos significa trabajar con incertidumbre. No tienes el control total. La materia prima es heterogénea, cambia constantemente. Si te enfrentas a un material reciclado desde la mentalidad perfeccionista que permite un plástico virgen, te vas a frustrar rápido.

A nivel técnico, la industria todavía no está preparada para esta variabilidad. Todo está pensado para procesos estandarizados, donde todo encaja al milímetro. Y luego hay otra barrera: aún no existen en grandes cantidades ingredientes realmente sostenibles —ni pinturas, ni aglomerantes, ni componentes que además pasen certificaciones legales.

A mí lo que más me ha costado no ha sido crear, sino hacer que llegue al mundo. Que sea viable industrialmente, que cumpla normas, que la gente lo entienda y lo quiera usar. Desde lo creativo ha sido incluso más divertido. El reto es cómo hacerlo realidad sin renunciar a los valores.

¿Cómo definirías en pocas palabras el espíritu de Alted?

Alted nace con la misión de acelerar la introducción de materiales de bajo impacto en el sector de la arquitectura. Queremos empujar esta transición hacia lo circular desde el diseño. Que haya más opciones sostenibles en el mercado, que estén disponibles, que sean bonitas y fáciles de usar.

¿Cómo ha sido levantar un proyecto tan ambicioso con un equipo tan pequeño?

Muy duro, pero muy bonito también. Ha sido increíble ver cómo se ha ido creando una red de personas y empresas que han confiado en el proyecto desde el principio, que han apostado por hacerlo posible.

Pero no ha sido fácil, y menos siendo una mujer joven. La industria manufacturera, la construcción, el mundo de la inversión… siguen estando dominados por hombres. Y eso implica un doble trabajo para que te escuchen y confíen. Cada vez somos más mujeres empujando desde perspectivas más colaborativas y cuidadosas, pero hay que encontrarse, hacer piña y apoyarse.

Alted Materials

¿Qué ha sido lo más difícil del camino hasta ahora? ¿Y lo más gratificante?

Lo más difícil ha sido, sin duda, cerrar la brecha entre la innovación y la realidad industrial. Hay muchas ideas sostenibles que funcionan sobre el papel o como prototipo, pero llevarlas al mercado implica enfrentarse a normativas, a costes, a resistencias, a la falta de infraestructuras… Y también a la ausencia de políticas que de verdad premien lo circular o penalicen lo contaminante. Muchas veces da la sensación de remar contracorriente.

Lo más gratificante, justo lo contrario: ver que sí se puede. Ver nuestros paneles instalados, usados por diseñadores en espacios reales, es una pasada. Saber que estamos reduciendo impacto, pero también generando conversación, inspirando otras formas de hacer. Cuando la sostenibilidad ya no es solo un discurso, sino algo que se ve y se toca, se vuelve muy poderosa.

Como Alumni de Elisava, ¿qué aprendizajes de tu paso por la escuela todavía te acompañan en tu día a día?

Sobre todo, una forma de pensar: estratégica y multidisciplinar. Y la importancia de hacer conexiones: con personas, con empresas, con ideas. También entendí desde muy pronto que la curiosidad es clave.

La curiosidad por saber cómo se hacen las cosas, cómo están construidas, cómo se podrían hacer de otra manera. Es lo que me ha llevado a seguir investigando, explorando materiales, procesos, colaboraciones. A no conformarme. Esa inquietud que se despierta en la escuela sigue muy presente en cómo trabajo hoy.