Tokio no es el cúmulo de tópicos que recibimos en Europa, Tokio es lo que quieras hacer de ella
El planteamiento de mudarme a Tokio por trabajo fue, para mí, imaginarme una sociedad obsesionada con el trabajo y el esfuerzo, que sacrifica los días de vacaciones y vive al límite del estrés. Pero la realidad va mucho más allá, y es que se trata de una sociedad con tecnología puntera que protege el patrimonio cultural, donde entre rascacielos y rascacielos puedes encontrar un templo sintoísta majestuoso. La ciudad que nunca duerme, la meca del manga y los otakus, y la ciudad con más estrellas Michelin del mundo. Tokio puede ser todo lo que quieras según como lo vivas. Hay tanto de todo que nunca agotarás las opciones de fin de semana. Ahora bien, hay que saber no perderse, tener presente tu ciudad de origen para poder comparar y decidir si caer o no en los roles y las costumbres que delimita la sociedad japonesa, especialmente si eres mujer.
“Estar abierto al cambio, mostrar interés y gratitud, y esperar a ganar la confianza de tus compañeros para poder proponer mejoras”
Buscar trabajo en Japón es seguir un proceso completamente diferente desde el momento en el que lo solicitas. Y una vez dentro de la empresa, te encuentras con una serie de costumbres y procesos que a veces pueden parecer ineficientes, pero que se han mantenido con el tiempo como tradición. Las primeras semanas –o meses– es normal no entender nada de lo que pasa a tu alrededor. La tentación de cuestionárselo todo y ponerlo patas arriba es muy grande, y no está equivocada, pero hay que encontrar el momento adecuado. Una de las cosas que aprendí pronto es que los japoneses primero acatan el rol que se les asigna y, por lo tanto, también acatan quién está en la posición de enseñar y quién está en la de aprender. Los novatos aprenden de los veteranos, aceptan las normas, y se van acostumbrando a la manera de hacer de la empresa. Todos han pasado por este proceso, y pocos se han planteado si es correcto o no.
Hay que tener presente que quien viene de fuera eres tú y, por lo tanto, al principio no tienes alternativa a la adaptación. Y si realmente quieres mejorar y proponer cambios dentro de una organización, primero deberás demostrar tus capacidades para lograr la confianza de tus superiores. Sino, pensarán que quieres escaquearse y tenderán a malpensar que «estos extranjeros no quieren entender la cultura japonesa». Poco a poco, si la organización es flexible, los cambios irán apareciendo, pero hay que tener paciencia y perseverancia.
Este fue mi caso, en una empresa en la que entré justo después de graduarme y, por lo tanto, en posición de novata. Generalmente las posiciones se dividen en dos categorías según si eres Shinsotsu (recién graduado o sin experiencia laboral, y sin contar las prácticas en empresa como experiencia), o si haces Tenshoku (cambio de trabajo, y por lo tanto con experiencia laboral).
Buscar trabajo una vez terminada carrera es relativamente fácil teniendo en cuenta que la oferta laboral es amplísima. Una de las ventajas de las que dispone Japón en el entorno del recruiting es que hay muchos medios a disposición para encontrar lo que buscas. Portales digitales donde te creas tu perfil-currículum y recibes propuestas de todo tipo, aplicaciones móviles como Tinder pero para encontrar tu trabajo ideal y métodos más rudimentarios como la publicidad en el metro o los carteles por la calle. La que más recomiendo yo en caso de tener en mente alguna empresa concreta a la que te gustaría ir es, ante todo, mirar su página web en japonés. En las páginas web oficiales de las empresas casi siempre encuentras una pestaña de ofertas laborales. Ahí no sólo puedes ver qué perfiles se buscan, sino que también cuáles son las condiciones laborales, el sueldo, si el almuerzo y el transporte están incluidos o incluso si hay ayudas económicas para el alquiler del piso. Desde esta misma página puedes rellenar un formulario (Entry Sheet) que será tu currículum digital y si el perfil interesa, pasas a la fase de entrevista (a propósito de esto, cabe decir que, si la empresa no tiene un alcance internacional, las ofertas suelen estar solo en japonés).
Y así es precisamente como entré en TENGA, el departamento de I+D para desarrollar nuevos productos en el entorno del bienestar sexual. El proceso que seguí fue, antes de nada, preparar el currículum en japonés y enviar el formulario. Al recibir como respuesta la posibilidad hacer una entrevista, dudé en si hacerla desde Barcelona vía video-llamada, pero sentí que tenía que ir para vivirlo en persona. Los siguientes días estuve mirando videos por Youtube sobre cómo son las entrevistas en Japón, ya que evidentemente hay una larga lista de normativas y modales cuya falta de seguimiento puede causar que los números de que te cojan caigan en picado.
“La Jerarquía define el comportamiento que se espera de ti, aunque saber jugar tus cartas correctamente te puede ayudar a destacar y crecer”
Los formalismos y las normativas. Esto es lo que más me ha costado aprender y a lo que más me ha costado adaptarme aquí en Japón. El choque cultural es evidente, y los primeros meses tenía que ir con mucho cuidado para no meter la pata. Pero había algo que tenía claro: yo podía aportar una visión del diseño desde una perspectiva europea, y ser la más junior de la empresa no significaba aceptar un rol pasivo.
Las organizaciones japonesas tienen un modelo jerárquico muy visible en las formas de comunicarse entre los empleados. Según el tiempo que llevas dentro de la empresa o los años de experiencia laboral en general, pasarás a tener una relación interpersonal de Senpai-kōhai (lit. compañero de antes-compañero de después) o Douki (compañero del mismo periodo). Por lo tanto, primero hay que entender en qué posición estás tú, y en qué posición está el compañero que se sienta a tu lado.
El rol de cachorro no sólo se representa en el lenguaje que tienes que elegir a la hora de dirigir a tus compañeros y jefes, sino en las acciones que llevas a cabo. Por ejemplo, en una reunión el más novato sentará en el asiento más cercano a la puerta de la sala, mientras que el más veterano sentará en el centro, y los clientes o invitados sentarán siempre en el lado opuesto a la entrada de la sala. Si tienes que coger un taxi con algunos compañeros de trabajo, el más veterano del grupo será el primero en entrar y se sentará detrás del conductor, mientras que el más novato irá de copiloto para guiar al taxista. Todo tiene una razón muy simple: elevar a los otros como forma de respeto por quienes tienen más experiencia.
“Disfrutar de todo lo que está a tu alcance y verlo como una oportunidad”
Esto se puede explicar con un ejemplo que estoy viviendo actualmente. Como soy la más joven del departamento de Investigación y Desarrollo, soy responsable del funcionamiento y mantenimiento de las máquinas de fabricación aditiva que utilizamos para prototipar. Dar esta responsabilidad a los más noveles no se debe a que sean expertos en estas tecnologías, sino que es una simple cuestión de volumen de trabajo que los más veteranos no deben asumir. Lo que a primera vista puede sonar como un castigo si se mira de una forma negativa, para mí es una oportunidad de aprender a manejar máquinas de última generación en fabricación digital que tal vez en una empresa no-japonesa no hubiera podido tener. Ciertamente, el primer año toca trabajar mucho y hacer de todo, ya veces es duro, pero gracias a ello puedo relacionarme con gente de diferentes departamentos, enlazar relaciones más personales y aprender de todo.
Uno de los aspectos más gratificantes de la empresa en la que trabajo es que se invierte mucho en investigación, y el departamento de I+D es el más grande. Por lo tanto, la figura del diseñador es respetada y valorada, lo que no siempre ocurre en otras empresas. En el laboratorio es donde se cuecen nuevas ideas que más adelante pasan al departamento de producción, seguido del de marketing y RRPP, y finalmente con el comercial junto con el de relaciones internacionales. Al ser una PYME japonesa que está en pleno período de expansión internacional, siento que hay muchas posibilidades de poder expresar la voluntad individual de cada persona y verla reflejada a escala global.
Pero incluso en los momentos más intensos hay que saber encontrar la calma y desconectar. Y por suerte, en Tokio hay suficientes islas de paz donde encontrar silencio, sea entre ramas de bambú o entre las luces fluorescentes de algunos rincones escondidos.