¿Dónde naciste?
Nací en los Alpes franceses, en un pueblo llamado Annecy le Vieux, en la región de Alta Saboya, tierra de fondue, raclette y tartiflette.
Nací en los Alpes franceses, en un pueblo llamado Annecy le Vieux, en la región de Alta Saboya, tierra de fondue, raclette y tartiflette.
Actualmente vivo en Barcelona. Llevo aquí cuatro años.
En Elisava cursé el Máster en Diseño Editorial.
Trabajo como Creative Strategist y Studio Manager en Franc Studio y Bagel Affairs, dos estudios creativos con sede en Barcelona. Franc está centrado en campañas, mientras que Bagel Affairs es una mezcla de innovación, tecnología, experiencias y un toque de picante para el retail. Diría que las marcas nos ven como su partner de I+D, quienes ideamos instalaciones y experiencias creativas para retail.
Definitivamente no lineal, pero de la mejor manera. Estudié Comunicación Visual en París, donde aprendí todo tipo de medios y cómo comunicar a través de ellos. Terminé la universidad en plena pandemia, y choqué contra un muro mental—creo que muchos pasamos por eso.
Después, mis amigos Clau, Fred y yo aplicamos al Máster de Elisava, nos aceptaron y nos mudamos de París a Barcelona en verano de 2021.
Pasamos un mes explorando la ciudad antes de empezar un año intenso pero revelador en Elisava. Al acabar, conseguí una práctica en Folch Studio dentro del equipo de Estrategia durante seis meses. Aprendí muchísimo: qué me gustaba, qué no, qué funcionaba y qué no en las dinámicas de equipo. Al final se convirtió en un trabajo a tiempo completo, y estuve allí dos años y medio antes de pasar a Franc y BA. Desde el inicio, mi rol me permitió crecer mucho y vino acompañado de más responsabilidad, confianza y libertad creativa.
Estos últimos años me han permitido trabajar en storytelling creativo, comunicación de marca, estrategia y gestión de estudio. He aprendido a pensar en cosas que jamás había considerado y a expandirme más allá de la reflexión personal. Y, sobre todo, aprendí que la incertidumbre es real hasta que tienes la aprobación por escrito.
Dar sentido a una idea + darle forma a través de la dirección = Diseño.
El diseño para mí es como el ping-pong. Tal vez porque juego a menudo, pero lo veo como un intercambio constante entre intención y reacción. Tú sirves una idea, el mundo te la devuelve, y la manera en que respondes define cómo evoluciona el juego. El ritmo cambia, las herramientas cambian, pero la tensión entre creación y adaptación nunca desaparece.
Es un reflejo de una época, de un estado mental, de tu nivel de atención, de tu capacidad para observar, conectar y predecir. De “servir” ideas nuevas y encontrar formas de resolver problemas o necesidades que quizá la gente aún no sabe que tiene. Es entender la cultura y la humanidad y detectar dónde se encuentran necesidad y demanda. No es simple decoración; es atención y dirección, igual que el ping-pong.
Las personas que construyen con detalle, sin miedo y pensando en la escalabilidad. Cuando un pensamiento no es final, sino una cadena de ideas que pueden ramificarse. Personas capaces de mantener un concepto vivo, relevante y coherente; personas que piensan con intención, ya sea un músico componiendo o un programador diseñando una interfaz. La inspiración me llega de quienes saben pensar de forma caótica para llegar a una epifanía simple.
Muy formativa, memorable e intensa. El Máster Editorial era exigente en cuanto al volumen de trabajo en un año, pero también era parte de la adrenalina y del aprendizaje. Recuerdo que no era fácil hacer tantas pruebas de impresión como quería con un presupuesto de estudiante. Pero aprendí muchísimo sobre ser resolutiva, sobre dinámicas de equipo, planificación, investigación y la importancia de ser social cuando toca. Elisava me dio estructura y libertad a la vez. Me pedían pensar en grande y respaldar mis ideas conectándolas con el “por qué”.
Aprender a tratar el diseño como un proceso, hacer la maldita investigación. Aprender que el diseño habla distinto según ideas, personas y culturas.
Y, sobre todo, la importancia de meter la nariz en todas partes —siempre con respeto. Presentarte, hablar con la gente. Al principio me parecía incómodo, agotador y difícil, pero con un poco de delirio y veinte segundos de valentía, esas conversaciones generaron oportunidades reales y conexiones que han definido gran parte de mi carrera. A día de hoy sigo creyendo que lo que a alguien le da vergüenza, para otro puede ser una oportunidad.
Mantén un punto de delirio, pero estratégico. La mitad del tiempo las cosas funcionan porque decides que funcionarán. Di que sí incluso antes de sentirte preparada, y luego respáldalo con esfuerzo. Habla con la gente, incluso cuando tu batería social esté baja o la conversación sea lenta o aburrida. Encuentra puertas ocultas que no sabías que existían y después decide qué hacer.
Creo que un reto futuro será redefinir cómo colaboran creatividad y tecnología: menos herramientas, más intención. Hemos automatizado MUCHAS cosas, y ahora me pregunto si toca rehumanizarlas. El desafío será seguir creando cosas que se sientan humanas en un mundo cada vez más automatizado. Hemos creado sistemas muy inteligentes, pero no necesariamente con alma. El reto es hacer trabajos que ayuden y sorprendan, que hagan sentir, no solo clicar. La tecnología ha llegado para quedarse, así que ¿cómo la equilibramos con arte, intención y emoción? Ese es el verdadero brief del diseño.